Vivir preparados


 Al iniciar el tiempo de Adviento,  como cada año, sabemos que conmemoramos el acontecimiento de la venida de Jesucristo y que a la vez se abre la etapa de su cumplimiento final. En el discurso escatológico  que nos presenta Mateo, el mensaje de Jesús insiste más sobre el final del ser y de la historia, que del final del mundo. Jesús nos llama a despertar en la fe, con una responsabilidad personal y comunitaria. En este texto lo importante no es cuando sucederá la venida del Hijo del hombre, sino cómo nos encontraremos de preparados para recibirlo.
 Vivir la vida sabiendo que algo grande nos falta por alcanzar, nos lleva a entender que la vida presente es algo muy importante como para desperdiciarla en banalidades. Este texto, en un primer golpe de vista, resulta una provocación a vivir la vida de manera extraordinaria, a encontrar el sentido de una vida hecha para preparar nuestro encuentro final con Dios.
Vivir preparados implica mantener un itinerario que nos garantiza alegría, paz y esperanza. Pero, ¿cómo lograrlo, cómo mantenerse vigilantes, velando, sin experimentar el cansancio o la tensión?
Intentemos tres actitudes:

1 -Hay que invertir el uso de las cosas
 Resulta una experiencia única sacar el mejor provecho de cuanto hacemos y tenemos. El profeta Isaías anunciaba los días futuros del monte del Señor, como días en que habría un cambio de rumbo en la historia. Pasar de producir la muerte a promover la vida. Pasar de las espadas a los arados y de las lanzas forjar podaderas.
 Invertir el uso de las cosas implica, invertir el uso de nuestras capacidades. Vivir con sentido comunitario y mirando hacia el mismo destino.
 Cabría preguntarnos: ¿Cómo le doy la vuelta al uso de mis cosas, de mis habilidades y de mis acciones? ¿Qué tengo de guerra, cuáles son mis armas, que ahora puedo cambiar en algo productivo y esperanzador?

2 -Hay que incorporarse para ver el amanecer
El momento que vivimos puede verse como un continuo despertar al Señor. Es como un amanecer luminoso que desvela ante nuestros sentimientos más íntimos las razones por las cuales tenemos la vida.
 Despertar a esta conciencia de que se acerca el día del Señor, nos inspira para revestirnos de buenas obras, del cuidado de nuestro cuerpo y de nuestros seres amados; del cuidado de la vida, del amor y de la paz. Desde esta experiencia del amanecer podemos gozar deshaciéndonos de nuestras obras de tinieblas y de guerra, y actuar con toda alegría y libertad las obras de la luz.

3 -Hay que gozar la espera
 Aunque el activismo del mundo nos lleva por otros caminos, quien vive preparado interiormente para realidades más grandes en Dios, puede ofrecer al mundo este don precioso de la espera.
 Esperar es una dimensión que nos toca en toda nuestra persona y en nuestras relaciones familiares y sociales. Siempre estamos esperando. A veces al ser querido que no llega a casa, al pariente o amigo que viene de visita. O cuando esperamos algo más personal, como el resultado de un estudio médico, de un examen universitario, de una solicitud laboral, o de una carta de reconciliación.
 Gozar la espera nos hace nobles, nos da estatura moral y espiritual, es una realidad tan profunda como nosotros mismos. Gozar la espera es previo al encuentro trascendente con Dios. Él mismo nos ha esperado por mucho tiempo.
 En la presión que ejerce la edad futura del día final, nosotros queremos vivir preparados así, gozando nuestro tiempo, más que como una vigilia fatigosa, como una vigilia festiva en la cual nos aseguramos de dar continuidad a nuestra existencia.

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