Alegrarse desde la humildad


24 DE DICIEMBRE
CICLO A
Is 9, 1-3. 5-6; Sal 95; Tit 2, 11-14; Lc 2, 1-14

Alegrarse desde la humildad

 Que Jesús nazca en la humildad del desplazamiento de sus padres, y ocupe un pesebre para entrar en contacto con nosotros, es un hecho cargado de signos que pueden interpretarse para alegrar nuestra vida. Quizás en el mejor momento de nuestra cotidianidad, cuando estemos tan acostumbrados al confort, al lujo o al exceso, la experiencia de precariedad nos ayuda a encontrar lo esencial de nuestra hechura de indigentes que requerimos siempre de alimento, seguridad y cobijo.
 No es casual que Lucas escriba que La Virgen María envolvió en pañales y recostó a Jesús en un pesebre; por mucho tiempo, la tradición ha leído a Isaías cuando habla del pesebre del Señor, donde pone el alimento para su pueblo. En cierto sentido Jesús es alimento vital que nos devuelve la identidad. A partir de su nacimiento humilde y de la alegría que nace espontánea, de la sencillez y sin ninguna condición, el Niño Dios nos remite a nuestra verdad más honda, que estamos necesitados de lo humano y de lo divino; basta entender esta alegría y esta pureza del nacimiento de Jesús, para desterrar cualquier tristeza, duda o pretensión. Estas y tantas otras actitudes de soberbia son una grotesca figura de nuestro ser, cuando nos ponemos frente a la imagen resplandeciente del nacimiento de Niño.
 Dios viene en medio de nosotros y nos capacita para experimentarnos humildes, y de esa humildad, gozar la alegría pura, sublime e inagotable del amor incondicionado. El censo de Augusto nos revela que Jesús se inserta en la historia universal, pero también en la historia de todo hombre. Nace como hijo legal de José y, al propio tiempo, como Hijo de Dios, para mostrarnos la imagen y semejanza que tenemos con Él.
 En medio de nuestro mundo, acostumbrado a encumbrarse y a buscar soluciones con despliegue de poder; un mundo de alegrías sofisticadas y de paraísos artificiales, María y José nos provocan al permitir que el don más preciado que llevan se envuelva con la condición humilde. Por estos siglos nos enseñaron que la alegría de nuestra condición humana es el camino de la paz.
Alegrémonos desde la propia humildad, intentando estas tres actitudes

1 -Hay que dejarse iluminar
 Escribe Isaías en la primera lectura que el pueblo habitaba en tinieblas, y es probable que nosotros también. La buena noticia de esta navidad está aquí, en que podemos ver la luz y alegrarnos, cuando muchos viven en la noche de sus vidas, en el imparable drama de su oscuridad. Basta con permitir que la luz que brilla en la belleza de un niño, en su ingenuidad y pureza, para experimentar una profunda alegría.
 El gozo de la experiencia del nacimiento de Jesús es efecto de la esperanza y de la abundancia de vida nueva que Dios mismo nos trae.

2 -Hay que probar la alegría humilde
 Es el centro de nuestra experiencia de hoy. Podríamos preguntarnos: ¿Con cuánto me contento? ¿Qué me haría feliz hoy? Y la respuesta podría venir de intentar una conducta moral que se orienta a practicar el bien; de manera especial empezando por entender a los más vulnerables.
 Probar la alegría humilde, tiene mucho que ver con la libertad y la valentía para incursionar en nuestros propios miedos y miserias. Si contactamos con esa realidad inherente a nuestro ser, podemos hablar de fraternidad y de paz de una manera auténtica.

3 -Hay que probar el alimento personal que es Jesús
 Si en el pesebre de Belén Jesús es el alimento de su pueblo, nosotros estamos invitados a saciar desde ahí nuestras hambres de justicia, de paz y de amor.
 Para empezar, tenemos que aceptar a la persona humana, por más en condena que la tengamos. Dios mismo apostó a favor de nosotros, cuando aceptó nuestra condición. Aunque a veces nos hemos sentido defraudados por personas concretas, hay que apelar al último reducto de humanidad y alegrarse, porque el misterio de Dios en medio de nosotros avanza.

 La alegría de los pastores y a poco la nuestra también, viene de entender que Jesús entra en nuestras vidas para que no haya más dominio entre nosotros, porque quedamos saciados con su presencia y porque Él resplandece como único Mesías y Señor.

Publicar un comentario

[facebook][blogger]

Diocesis de Celaya

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor Active Javascript para ver todos los Widget